lunes, 4 de marzo de 2013

Guerra de almohadas. Paralelo I





 "La buena conciencia        
 sirve de almohada." 
John Ray, fundador de 
la botánica moderna. 



     Mirando por la ventana, en la antigua casa de mis abuelos, la primera reflexión sondaba en los brotes verdes de ZP que están llegando a Castilla la Mancha de la mano de Dolores de Cospedal, las gaviotas que entran por las gallinas que salen. Grande en el juego de toma de almohadas de los partidos, regidora del destino de la tierra de mis antepasados por demérito de sus predecesores. Otra flatulencia más que empaña con un nubarrón de plumas el celaje de algunas joyas de nuestro patrimonio natural, uno de los mejor conservados de Europa.

     Entumecido, con la somnolencia del ayuno, demoré mis ejercicios diarios de dibujo. Se oía el zumbido de la leña, bravucón, consumiéndose. Un enjambre envalentonado intentando ahuyentar al viejo que acababa de encender la caldera.

     Evocaba todas las invernales que hice desde mi adolescencia, las veces que me había quedado varado por una ventisca, aferrado como una garrapata en alguna pequeña oquedad de una pared de hielo. Podría añorar esos tiempos sin embargo, un lápiz y un papel siempre me han aportado aventuras igual de intensas.

     El entrenamiento casi había acabado, los últimos días de exilio. Una tormenta de silencio, una obsesión blanca, una pasión de invierno, que se extravían...


...como plumas en la nieve.


Carmelo Ortega. Febrero 2013.









martes, 9 de octubre de 2012

Mi patria


Mi patria, es ese lugar donde confluye mi mente, mis emociones con...

¡No!

No, en realidad no ES.

Ese lugar donde confluye mi mente, mis emociones con la materia ES una propuesta, un resultado, una conquista irreal que se abandona a su suerte, acabada, sin finalizar. El fin, es un límite que abordamos mediante el acuerdo o la renuncia, sea en papel, lienzo, el paramento de un mural o la piel de mi amada.

La patria, ese sentimiento propio o compartido habitado por las emociones y más real que cualquier materia, no precisa atesorar el soporte donde se materializa pues siempre quedará confinado y recluido entre fronteras.


Mi patria, ilimitada como cualquier pensamiento abstracto que trasciende las leyes conocidas del tiempo y el espacio, del infinito. Un estado, donde el alma se librera con cada trazo, con cada sueño o, durante la unión de dos cuerpos que no son mitades sino partes, del todo inabarcable que define cada persona, que ampara si nos atrevemos a ejercer un pensamiento libre.



Viento azul, otoño 2012.

Carmelo Ortega

sábado, 11 de septiembre de 2010

Hacer Sombra


    El uso de la sombra no es patrimonio exclusivo del boxeo, aunque en cierto modo jugar al gato y al ratón con tu propia sombra no deja de ser un combate sin piedad contra uno mismo. Es un sparring  para superar la atonía del que no puedo prescindir, ignoro el medidor de watios, el pulsómetro, el cuentakilómetros, el altímetro,... solo estamos mi sombra y yo a cara de perro en una carretera desierta mientras el sol rueda por el horizonte.




"De puntillas, con la punta de las yemas, de los dedos, quiero tocar, deseo acariciar el viento azul.
Porque me he deslizado, ebrio, a un costado lejos de la marea que cubre su haz.
Me estiro más y apenas llego. No alcanzo a horadar mi piel encallada de sobrio que estoy.
La pasión de mi alrededor no sacia la sed de mi cuerpo y mi voz sorda muda oídos ciegos.

Pozos sin fondo se elevan al cielo, sus sombras turban el viento azul."

Carmelo Ortega 2004, fragmento de Viento Azul


   El Viento Azul es más que un estado de ánimo, es un estado físico y mental que alcanzo en invierno en Madrid tras un temporal de nieve. Bajo ese cielo limpio, azul y cristalino que huele a jara, romero, pino,... y nieve, con una forma física más que aceptable me lanzo al asfalto en bici de carretera, a dar pedales sin conocimiento y abusar del desarrollo, por carreteras solitarias con buenas rectas y en las que el viento golpee de cara y sin compasión. Ayer con los últimos coletazos del verano que se resistía a la pegada de un viento polar tuve tres horas mágicas. Lo supe de inmediato, la certeza de que hoy era uno de esos días me ayudo a luchar la primera hora contra mi corazón, me tuve que aplicar para alcanzar las pulsaciones adecuadas, es uno de los inconvenientes de no estar en forma voy a la inversa del mundo ciclista al gustarme estar en forma en invierno, tolero muy bien el calor sin embargo amo el frío.

   Viajar ayer durante dos horas en un Viento Azul fue un regalo, durante ese tiempo encarado a un viento mas rugoso de lo habitual, rompiendo el muro, esa sensación que envuelve la piel de cuando nadaba siendo un chaval de trece años y trataba de batir el record absoluto de velocidad en estilo libre quedándome a escasas décimas, ese estado de ánimo infantil de los entrenamientos matutinos de antes de entrar al cole unido a una percepción total de mi entorno, es en ese trance cuando la imaginación está candente, puedo vivir durante semanas de las ideas surgidas por el hechizo de un viento frío.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Pintar olores

“El hombre es un loco que
emprende un viaje solo para ver
su propio rostro.”
Un cruzado.



      En esta tierra adoptada por la orden militar de los Hospitalarios, no soy más que otro loco que viajo cada día a lomos de mi bici buscando mi rostro. Ayer, encontré uno de mis dibujos de hace 10 años en el cual había escrito durante la quietud del trasiego del vino:


Retazo:
Planicie, estepa, llanura, llano y tabla de vid.
Verde fermentado en tinto hirviente.


Un silbido.

Azafrán sobre azul cerúleo, Violado.
Azafrán sobre amarillo oro, Naranja.

Imagen sin fin, salvo las montañas,
ruptura del cielo que invade el poniente donde

rueda el sol.




      Cada vez que regreso, a lomos de la flaca, cansado, feliz, con el aire ya frío y denso del otoño curtiendo la piel, desgarrando capas para liberar la esencia, dejando de percibir la presión de los autos para abandonarse en un pedaleo armónico con la tierra y el espacio, los recuerdos se mezclan. No entre sí, con aromas safranales y los perfumes estéricos fruto de la fermentación del mosto.

       Recuerdo el azulear de la vega en contraste con el marchitar de la vid en un tiempo cercano a mi niñez, cuando el azafrán era una de las fuentes de ingresos más importantes de la comarca, oro rojo. Cuando al cruzar Consuegra, Madridejos o Camuñas el aire te confundía con las fragancias afrutadas y especiadas de la uva que molturada ya ha iniciado su noche polar, una lenta metamorfosis hacia el elixir de la vida, olores difíciles de discernir para los foráneos del característico a la rosa.

      Cada casa, acabada la vendimia, tenía sobre la mesa un manto de flor de azafrán rodeado, de manos expertas que mondaban y escudriñaban en tertulia las intimidades más efervescentes del pueblo, apartando vigorosamente el pajido amarillo. Mientras, nuestra piel se iba impregnando de los sabores que respiraban la hidrólisis de la picrocrocina en los ciazos.

      Si fuera un químico decente podría incorporar a mis colores los aromas de esa transición entre la compleja combinación de terpenos, fenoles, acetatos y cetonas disueltos en anhídrido carbónico al safranal que determinan el comienzo del otoño en esta tierra, el día del manto, el uno de noviembre. Si fuera un buen pintor debería ser capaz de inducir esa sinestesia sin manipular los colores químicamente.

C.O.C.
Oct 2008